El precio medio, que ronda los 90 o 100 dólares por barril, no es lo que nadie cree realmente que vale un barril de petróleo. Se trata de un consenso al que se ha llegado tras un tira y afloja entre ambas partes. No es difícil entender por qué. Por un lado, la guerra está reduciendo enormemente la oferta, tanto de petróleo y gas como de capacidad de refino. Oriente Medio representa alrededor del 30 % del suministro total, liderado por países como Arabia Saudí, Kuwait, Irak y, por supuesto, el propio Irán, aunque gran parte de su producción esté sancionada. Y lo que es aún más significativo, representa gran parte del petróleo disponible para la exportación, ya que otros grandes productores, como EEUU, consumen lo que producen. Si eso desaparece del mercado, los precios se ven presionados y comienzan a dispararse, ya que los compradores desesperados se lanzan a por cada barril disponible. De hecho, incluso cuando el precio cayó tras la noticia del alto el fuego, un barril para entrega inmediata seguía cotizando por encima de los 150 dólares en algunos mercados. Si quieres petróleo ahora mismo, te va a seguir costando mucho.Por el contrario, el precio del petróleo ha estado, y sigue estando, en descenso a medio plazo. Una vez más, es fácil entender por qué. La energía eólica y solar está creciendo rápidamente a medida que bajan sus precios y los países intentan alcanzar sus objetivos de cero emisiones netas. Venezuela, que cuenta con las mayores reservas de petróleo del mundo, debería volver al sector en los próximos años tras el cambio de gobierno. El fracking sigue en auge, con la apertura de nuevos yacimientos en países como Argentina y, ahora, también en China. Con una gran oferta en el mercado y una demanda en constante descenso, el precio lleva años debilitándose. La guerra, según este argumento, ha interrumpido temporalmente el suministro, pero no ha cambiado en absoluto las perspectivas a medio plazo. Parálisis del mercado petrolero, el peor desenlace posible