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Blog Pollo Gordo y que pese poco

A ganar A ganar, Pollo para cenar!!

Con este post inaguramos nuestro Blog sobre ValueInvesting e Inversión.

Somos dos inversores retail apasionados de la metodología del ValueInvesting, su visión de largo plazo, su sentido común tan necesario en el mundo de la inversión y su visión empresarial consistente en comprar negocios y no meras acciones.

Nuestra intención será compartir con todos vosotros nuestra pasión por el ValueInvesting y por los grandes inversores que ha dado esta “escuela”. Compartiremos con vosotros ideas de inversión realizando un análisis fundamental de la empresa, del sector, de su equipo directivo, de sus ventajas competitivas, sus competidores y en definitiva de los múltiples aspectos que valoramos en un negocio.

¿Y qué tienen que ver los pollos con todo esto? ¿Pollo gordo y que pese poco?

Nos encanta este título porque explica mucho de cómo es el “ValueInvesting”. 

Escuchamos esta frase por primera vez en Requena (Valencia) aunque no tenemos ni idea de si se dice en más sitios, suponemos que sí.

La metodología del ValueInvesting consiste en buscar en el mercado el pollo que nos parezca a nosotros (no al mercado) más gordo o lustroso, que haya sido criado por un granjero enfocado en la generación de valor y que no sea demasiado viejo y todavía pueda crecer. 

El pollo lustroso es ese negocio de calidad y con barreras de entrada, el granjero sería un management alineado con el accionista (preferiblemente empresas familiares y también los denominados IntelligentFanatics) y el mercado ya sabemos lo que es, el mercado somos todos.

¿Y por qué tiene que pesar poco? Porque una vez lo encontremos en el mercado, si ese día la báscula del carnicero falla por alguna ineficiencia y nos da un peso menor del que nosotros estimamos, procederemos a comprarlo.

Saldremos a menudo al mercado a buscar pollos, pero si no encontramos lo que queremos o la báscula no falla ese día, nos volveremos a casa a comer sopa.

Nos cuidaremos mucho de las ofertas demasiado baratas, puede que el pollo no se vea escuálido a simple vista pero si lo abrimos luego en casa podríamos llevarnos una sorpresa desagradable (Valuetrap).

Nos fijaremos muchas veces en los pollitos feos, esos de tez más blanca, no demasiado lustrosos a simple vista, que ningún cliente ha querido llevarse durante la mañana, pero que puede que guarden un tesoro oculto en su interior.

También podemos encontrarnos pollos ya muy maduros, que poco más van a engordar, pero con mucha carne jugosa (caja y activos) y poca o ninguna grasa (deuda), en dicho caso si el granjero es de primera y la báscula falla ese día nos lo llevaremos a casa sin dudar pues alguna alegría nos ofrecerá.

No nos interesan los pollos que han sido alimentados (capitalizados) con demasiadas hormonas (deuda), pueden parecer lustrosos pero nos acabaran sentando mal en el estómago.

Los pollos demasiado jóvenes (menos de 10 años) y con poco bagaje requerirán de un análisis pormenorizado del gallinero (sector) en el que se mueven y del granjero que los cuida, trataremos de detectar si dicho pollo tiene algún tipo de ventaja respecto al resto de pollos de su gallinero como por ejemplo si es capaz de crecer con menos pienso, o dispone de un plumaje especial (moat) que el resto no tienen pues estas características les permitirán crecer y engordar. En general preferiremos los pollos con más de 10 años, que tengan un historial de crecimiento y calidad y que aunque tengan algún constipado pasajero podamos valorar que su compra ofrece un margen de seguridad adecuado en referencia a su potencial.

Iremos todos los días al mercado, a ver que nos ofrecen, sin la necesidad de comprar, pero el día que aparezca ese pollo (reluciente o no) cuyo peso marcado por la báscula refleje algún fallo en la misma, ese día sacaremos el monedero y recordaremos aquello que decía el equipo de Kevin Spacey en la película 21 Blackjack: “A ganar A ganar, pollo para cenar!!”.


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