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A nivel global, nos encontramos viviendo tiempos inciertos que nos ponen a prueba como individuos y como sociedad; en particular, me atrevería a señalar que la incertidumbre que se vive en esta ocasión por la contingencia sanitaria del COVID-19 nos brindó a muchos de nosotros la capacidad de adaptarnos a este nuevo escenario de una manera brusca y con una crisis económica que ya no fue sorpresiva; pues su desaceleración es más que evidente.

En términos generales, llevamos aproximadamente cuatro meses hablando de la pandemia del COVID-19 (comúnmente llamada Coronavirus) y probablemente mañana estemos hablando de otra cosa, incluso más preocupante y en muchos casos más dolorosa; es por ello, que considero que vale la pena platicar sobre la difícil situación económica que se vislumbra para México y para el mundo.

En verdad esperaba que este 2020 no fuera un año tan complejo y se inclinara de manera positiva a nuestro favor; sin embargo, los resultados de la desaceleración económica de México durante el 2019 y las tensiones geopolíticas que se han originado a nivel mundial; me han llevado a reflexionar sobre algunos riesgos que a título personal considero todavía persisten, por enunciar algunos:

  • Las tensiones comerciales de EUA con Europa siguen latentes, y no hay que descartar que continúen durante el próximo año (2021); debido a que es difícil de identificar los indicadores que refieran un punto de inflexión de la actividad productiva entre ambas economías.
  • A finales de 2019 e inicios de 2020, el conflicto de Medio Oriente pegó un salto entre EUA e Irán a consecuencia de un ataque perpetrado contra un líder Iraní; esto desencadenó que la cotización del precio internacional del petróleo se disparara, afortunadamente los mercados no sobre reaccionaron con la escalada de tensiones originadas.

Desde esta perspectiva, lo relacionó con el reciente conflicto entre Rusia y la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo); en donde Rusia reafirmó su negativa de sumarse a la reducción de oferta de petróleo, esto contrajo un desplome significativo en el precio del petróleo a nivel internacional; si bien, hasta niveles no vistos desde 2003.

  • El riesgo país, es un indicador que muestra la capacidad que tiene un país para hacer frente a sus compromisos financieros; éste se mide a través del Índice de Bonos de Mercados Emergentes (EMBI) Global por J.P. Morgan. Me adentro a este indicador, ya que a marzo de 2020 el riesgo país de México se ubicó en 522 puntos base; debido al descenso de los precios del petróleo y el temor de la recesión económica global. Cabe precisar, que el EMBI Global de países emergentes de América Latina también se ha visto deteriorado.

  • Por otro lado, y afortunadamente para México, la situación del T-MEC mejoró de manera significativa; esto permitiría mover las fichas de varios sectores económicos; sin embargo, no fue suficiente ya que el potencial contagio del COVID-19 a nivel internacional luce complicado, por lo que la economía mexicana dependerá en mayor medida de cómo se desempeñen sus factores internos y de qué medidas se implementen para mitigar la contingencia sanitaria.

Los riesgos antes descritos,  se suman al complejo panorama que han planteado muchos expertos y Organismos Internacionales, por señalar algunos: el Banco Central Europeo (BCE), el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM), el Banco de Pagos Internacionales (BIS) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Los pronósticos que refieren dichos organismos sobre la economía global están sesgados a la baja; en este marco, puedo señalar que en caso de que se materialicen los riesgos que ha ocasionado de manera indirecta el COVID-19; el PIB mundial seguirá decreciendo como escenario de riesgo.

Teniendo en cuenta lo que representa el COVID-19 y que por su naturaleza impredecible no se logra ver con claridad cuando va a finalizar; es que me atrevo a señalarlo como un cisne negro, ya que hasta el momento desestabilizó todo lo que creíamos estable y nos obligó a revisar nuestra preparación ante este tipo de eventos así como nuestra capacidad de respuesta como sociedad y como país.

Sin duda, en tiempos como este es cuando muchas de las veces sale a la luz lo mejor de nosotros, México es un ejemplo de ello ya que ha sabido reponerse de las situaciones que lo han puesto a prueba; no obstante, esto no solo depende de México sino de una coordinación internacional para prevenir la expansión del virus a otros países. En lo inmediato, puedo referir que las necesidades son muchas y los frentes son diversos; debido a que cada país tiene necesidades específicas.

Respecto a México, es importante tener en cuenta que se necesita trabajar en el diseño de programas transparentes y con solvencia operativa para responder de manera específica al fortalecimiento e impulso de la economía, para ello se necesita contar con la intervención de varios sectores de la iniciativa privada para hacer las inversiones necesarias. También se requerirá de una planificación estratégica; a fin de acelerar el consumo como resultado de menores tasas de interés y que la inflación se acerque al objetivo planteado por el Banco de México.

Por otro lado, los vientos a favor y en contra del entorno internacional necesitarán de la ayuda de diversos Organismos Internacionales; a medida de responder de manera rápida y flexible a la crisis sanitaria y por ende se minimice su decrecimiento económico y se pueda repuntar gradualmente con políticas macroeconómicas sólidas.

Estimado lector, en resumidas cuentas esta crisis sanitaria y económica será un precedente para que reflexionemos nuestro presente y podamos reaccionar de manera inmediata en un futuro de shocks económicos inesperados.

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