El nuevo segregacionismo

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Hola, Buenos Días:

Todos los sistemas totalitarios de la Historia han utilizado el poder de la propaganda visual para generar una nueva "realidad", una que cosifica su ideología oficial, rehaciendo el mundo a su propia imagen paranoica.

El totalitarismo de la "Nueva Normalidad" no es una excepción...

Hoy en día casi todos los contenidos relacionados con el Coronavirus van acompañados de un efecto visual acumulativo. En realidad, se trata menos de hacernos creer cosas que de crear una realidad oficial e imponerla a la Sociedad por la fuerza.

Cuando se propone evocar una nueva "realidad", las imágenes son herramientas extremadamente poderosas, tan poderosas, si no más, que las palabras.

Una vez más, con determinadas imágenes, el objetivo de este tipo de propaganda no es simplemente engañar o aterrorizar al público. Por supuesto, que también, pero la parte más importante es obligar a la gente a mirar esas imágenes, una y otra vez, hora tras hora, día tras día, en casa, en el trabajo, en la calle, en la Red, en todas partes...

Así es como se crea la "realidad". Representamos nuestras creencias y valores ante nosotros mismos y entre nosotros, con imágenes, palabras. rituales, símbolos y otros comportamientos sociales. Esencialmente, conjuramos nuestra "realidad" para que sea como actores que ensayan y representan una obra... cuanto más lo creemos, más convincente es.

Esta es también la razón por la que las máscarillas obligatorias han sido esenciales para el despliegue de la ideología de la Nueva Subnormalidad. Obligar a las masas a usar mascarillas de aspecto médico en público fue una obra maestra de la propaganda.

En pocas palabras, se ha obligado a personas a vestirse como si fueran a trabajar en la sala de enfermedades infecciosas de un hospital todos los días durante 17 meses... Y ya tienes instalada una nueva "realidad", totalitaria y con un marcado sesgo paranoico-psicótico, donde muchas personas han sido reducidos a lacayos balbuceando sin sentido que tienen miedo, que aceptan no salir a las calles sin permiso de "las autoridades" y luego está el tema de las "vacunas". En principio, se había casi "garantizado" que eran la solución y a estas alturas ya vemos su éxito y cómo está el "patio"...

El poder absoluto de la imagen visual de las mascarillas, y verse obligado a repetir el comportamiento ritual de ponérselas, ha sido casi irresistible. Sí, sabemos que muchos nos hemos resistido, pero somos una minoría. Hay que aceptar que el Poder al que nos enfrentamos no nos va a llevar a ninguna parte o, en cualquier caso, a ninguna parte buena.

El hecho de que la gran mayoría del público, a excepción de la población de Suecia, Florida y una variedad de otros lugares oficialmente inexistentes, ha estado realizando ese ritual teatral de manera robótica y acosando a quienes se niegan a hacerlo...

Empieza a ser algo "normal" que se intimide a aquellos que reniegan de la propaganda "oficialista" y ya se está hablando de "segregar" a los que decidan no vacunarse. Y ese comportamiento de las masas obedece a que viven la nueva "realidad" que se les ha creado a lo largo de los últimos 17 meses mediante una campaña masiva de propaganda oficial, la más extensa y eficaz en la Historia de la propaganda.

En otras palabras, para decirlo sin rodeos, estamos en una guerra de propaganda y la estamos perdiendo. No podemos igualar el Poder de los medios corporativos de la Nueva Subnormalidad, pero eso no significa que no podamos contraatacar. Todavía, podemos y debemos hacerlo en cada oportunidad que tengamos.

La gran mayoría de la gente es obediente, pero no son totalitarios fanáticos. Están asustados y débiles, por lo que están siguiendo órdenes, ajustando sus mentes a la nueva "realidad" oficial.

Muchos de ellos no se perciben a sí mismos como adherentes a un Sistema totalitario ni como segregacionistas, aunque eso es lo que acaban siendo.

Se perciben a sí mismos como personas "responsables" que siguen "directivas sanitarias" sensatas para "protegerse" a sí mismos y a los demás del Virus y de sus "variantes" mutantes que se multiplican constantemente. Perciben a los "no vacunados" como una minoría de extremistas "teóricos de la conspiración" irracionales y peligrosos, que pretenden matarlos a ellos y a sus familias.

Cuando se les dice que simplemente queremos recuperar nuestros derechos constitucionales y que no nos obliguen a "vacunarnos", censurarnos o perseguirnos por expresar nuestros puntos de vista, no nos creen. Nos perciben como quieren las autoridades: como una amenaza, agresores, extraños entre ellos, que necesitan ser tratados...

Tenemos que tratar de cambiar esa percepción, no cumpliendo o siendo "educados" con ellos. Por el contrario, debemos ser más confrontativos. No nos confundamos: Confrontar no es lo mismo que violencia.

Para empezar, debemos llamar las cosas por lo que son. El sistema de los "pasaportes de vacunación" es un sistema de Segregación. Es segregacionismo, llámalo como es. Quienes cooperan con él son segregacionistas. No están "ayudando" ni "protegiendo" a nadie de nada. Son segregacionistas, puro y simple. Refiérase a ellos como "segregacionistas". No dejes que se escondan detrás de su terminología. Hay que confrontarlos con el hecho de lo que son.

Y vamos a decir una verdad que se está obviando desde la propaganda oficial: con el tema de la "Pandemia", la Sanidad pública se ha vuelto tercermundista para la mayor parte de la gente. A saber la que habrá muerto, no por Coronavirus, sino por las deficiencias médicas que se han y se están produciendo.

En fin, este post no pretende ser un manifiesto "anti- Covid", sino que intenta "racionalizar" muchas de las cosas que se están produciendo contra la lógica más elemental y, asimismo, se aboga por recuperar unas libertades individuales que ahora están en "discusión".

Saludos.
  1. en respuesta a Javirruco
    -
    #41
    16/08/21 05:41
    Así es y así debe ser, pero eso no quita que siga habiendo un desequilibrio de derechos y obligaciones. El sanitario tiene derecho a no ponerse en riesgo al vacunarse en cambio el paciente no tiene derecho a no correr el riesgo de que le atienda un sanitario no vacunado pero en cambio tiene la obligación de pagar impuestos para financiar ese sanitario.

    En un sistema privado ambos derechos serían reconciliables, pues el paciente podría, llegado el caso, elegir un sanitario que le presentase libremente su certificado de vacunación.