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Etiqueta "Inflación": 5 resultados

Precios Cuidados: Listado de productos esenciales 2019

Desde el 22 de abril de 2019, entra en vigencia el programa de "Precios Esenciales", con el que el Gobierno busca controlar y regular el valor de un listado de alimentos básicos durante 6 meses. A continuación, podrás encontrar el listado de 64 alimentos cuyo valor estará congelado hasta noviembre de 2019. 

 

Precios Cuidados: Listado de productos esenciales 2019

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La inflación en Argentina en el 2014

La inflación en Argentina causa desconcierto los primeros dos meses del año

La inflación en Argentina es elevada. Todos los ciudadanos son conscientes de este problema, pero el hecho de desconocer que sucederá con la moneda en los meses siguientes es lo que más preocupa y este hecho hace que la inversión tanto nacional como extranjera se vea afectada.

La IED (Inversión Extranjera Directa) en Argentina no ha caído, ni mucho menos, incluso en el año 2013 ha habido un incremento respecto al 2012. Se ha conseguido gracias a dos factores fundamentales:

  • fácil incorporación de nueva maquinaria, los costes han sido relativamente bajos, causando incrementos de productividad, y
  • por parte del Gobierno, impulsando e incentivando la reinversión de las multinacionales en el país.

Argentina es un país que año tras año ha logrado mantener constantes sus flujos de inversiones. En el 2012 vio una salida pronunciada de capital extranjero pero tampoco eso le hizo disminuir respecto al 2011 la IED. Según la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe) Argentina es un país caracterizado por:   Leer más

La tasa de inflación igualó el crecimiento de los salarios

 
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La aceleración de la inflación insinúa el final de un ciclo de expansión basado en el estímulo al consumo. Se trata de una experiencia ya vivida en el pasado, cuya única  particularidad en esta ocasión es que el ciclo fue más largo gracias al contexto internacional inéditamente favorable. Pero el final es similar: estancamiento del empleo y aumentos de salarios que no compensan la inflación. Para superar el agotamiento del modelo es fundamental un profundo ordenamiento del sector público y reglas que estimulen la inversión y la generación de empleos.
 
La inflación se ha convertido en uno de los principales factores de intranquilidad en la población. Diariamente se percibe la pérdida de capacidad de compra debido al aumento de los precios. A esto se agrega la incertidumbre que genera la desaceleración en la generación de empleos. Frente a este panorama, las autoridades insisten en minimizar la importancia de la inflación y seguir apelando a las mismas estrategias como, por ejemplo, los acuerdos de precios. 
 
En la visión oficial, los aumentos de salarios nominales y de gasto público son un factor de estímulo a la actividad económica y el empleo. Los impactos que esta estrategia produce sobre la inflación se subestiman. En parte, a través de la manipulación de las estadísticas del INDEC, en otra parte, considerándolos un efecto colateral no deseado pero que se justifica tolerar en aras de impulsar el crecimiento económico.
 
Para evaluar en qué medida la realidad se ajusta al diagnóstico oficial se puede analizar la información oficial sobre empleo y salarios publicados por el Ministerio de Economía y de inflación difundidos por el Congreso Nacional. Según estas fuentes se observa que:
 
Entre los años 2003 y 2008, el empleo privado formal creció al 9% y el salario nominal al 20% promedio anual, mientras la tasa de inflación era de 14% promedio anual.
 
Entre los años 2008 y 2011, el empleo privado formal creció al 2%, el salario nominal al 27%, mientras la tasa de inflación ascendió al 22% promedio anual.
 
En el año 2013, el empleo privado formal creció apenas 1% mientras que la tasa de inflación igualó el crecimiento de los salarios en el entorno del 27%.
 
Estos datos muestran tres etapas en el ciclo que se inicia a la salida de la crisis del año 2002. En el primer período, si bien la inflación fue muy alta, se disimuló con aumentos nominales de salarios más altos aún y alto crecimiento en el empleo. En la etapa intermedia, se acelera la inflación y esto tiene asociado menor crecimiento real de los salarios y paralelamente se debilita la creación de empleo. Los datos del año 2013 sugiere el ingreso a una tercera etapa, donde el empleo se estanca y la aceleración de la tasa de inflación tiende a superar el crecimiento de los salarios nominales.
 
Promover el crecimiento económico basado exclusivamente en estímulos al consumo sin atender la inversión es un proceso no sustentable. Por eso se llega fatalmente a una instancia en la cual se acelera la inflación y se detiene el crecimiento del empleo y los salarios reales. Ciclos de este tipo han ocurrido muchas veces en la historia argentina. La particularidad de los últimos años es que fue más largo. En parte, por la profundidad de la crisis del año 2002 que llevó a que recién en el año 2008 se recuperara el nivel de salario real prevaleciente antes de la crisis. Por otra parte, debido al inédito contexto internacional favorable. Los términos del intercambio, o sea la relación de precios de exportaciones versus precios de las importaciones, son un 30% superior en el año 2012 respecto al año 2003. A esto se suma las históricamente bajas tasas de interés internacionales.
 
Llegada la instancia en que la aceleración inflacionaria diluye los aumentos nominales de salario y se estanca la creación de empleos no hay margen para “profundizar el modelo”. Las propias autoridades, más allá del discurso, lo reconocen implícitamente cuando en total oposición a lo que fueron las políticas de la década pasada proponen para el año 2014 que en la negociación colectiva se fijen aumentos de salarios inferiores a la tasa de inflación.
 
Una alternativa más promisoria es reconocer el “agotamiento del modelo” y cambiar de estrategia promoviendo aumentos de empleos y salario reales basados en la elevación de la productividad. Esto exige atacar el principal factor generador de inflación que es el enorme desequilibrio fiscal que obliga a la masiva emisión monetaria sin respaldo. En paralelo, entablar un camino de reconstrucción institucional tendiente a recuperar la inversión genuina y la generación de empleos privados productivos. 
 
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El consumo público crece a razón de 30% por año

 
 
Los cortes en el suministro eléctrico, la inflación y la pérdida de reservas son manifestaciones de profundos desequilibrios macroeconómicos. Ni la crisis energética se resolverá aplicando multas a las empresas eléctricas, ni la inflación se detendrá anunciando acuerdos de precios, ni se recuperarán reservas desalentando los viajes al exterior. El paso fundamental es restablecer el equilibrio macroeconómico deteniendo el exacerbado crecimiento del consumo público liderado por los subsidios económicos y el empleo público redundante. 
 
La ola de calor amainó y la actividad económica disminuyó –por asuetos, feriados y vacaciones– pero el servicio eléctrico sigue sin normalizarse. Mientras tanto la inflación sigue en niveles elevados y crecientes, y la suba del dólar paralelo no se detiene. Frente a esta profundización de viejos problemas, el diagnóstico oficial no cambia. Ante la grave crisis energética, se anuncian multas a las empresas distribuidoras y amenazas de estatización. Ante la elevada inflación, se anuncian acuerdos de precios. Ante la pérdida de reservas, se suman nuevas trabas a las compras en el exterior.
 
Una visión alternativa es considerar estos problemas como manifestaciones de severos desajustes macroeconómicos. En concreto, advertir que el crecimiento de la demanda agregada (la suma del consumo público, consumo privado, inversiones y exportaciones) es inconsistente con la evolución de la oferta agregada (integrada por el total de bienes y servicios producidos en el país –el PBI– más las importaciones).
 
Según información oficial del Ministerio del Economía, la demanda agregada creció entre los años 2007 y 2013 a razón de 22,3% anual, muy por encima del 6,2% promedio anual que aumentó la oferta agregada. Este crecimiento de la demanda agregada se descompone de la siguiente manera:
  • Las exportaciones crecieron al 18,1% y las inversiones al 21,8% promedio anual.
  • El consumo privado de las familias creció al 22,2% por año.
  • El consumo del Estado creció a razón de 29,3% por año.
Estos datos muestran que el crecimiento en la demanda agregada en los últimos 6 años está liderado por el consumo público, cuya expansión se aproxima al 30% anual. En la visión oficial, este fenómeno tiene una connotación positiva porque se lo plantea como una estrategia de tipo keynesiana, en el sentido de que la aceleración en la expansión del gasto público estimula la producción. Salvando las distancias se lo asimila a las políticas de estímulo que viene practicando en los últimos años los EEUU.
 
El error de diagnóstico es que las estrategias de tipo keynesianas tienen lógica en un contexto de elevada capacidad ociosa (alto desempleo, exceso de inversión). Bajo estas particulares condiciones (que se dieron en EEUU luego de la crisis del 2008 y en la Argentina con la crisis del 2002) resulta pertinente estimular la demanda tratando de lograr un mejor aprovechamiento de la capacidad productiva disponible. Pero superada la instancia de crisis, mantener la expansión del gasto público fatalmente produce inflación. Más grave aun es que el crecimiento vertiginoso del consumo público se hace a costa de sacrificar inversiones (como las que se necesitan para evitar los cortes en el suministro eléctrico) y del deterioro en la capacidad exportadora (lo que explica la paradoja de que haya pérdidas de reserva cuando los precios internacionales siguen siendo inéditamente altos).
 
Resulta imprescindible corregir el exceso de consumo interno liderado por el sector público. Las manifestaciones de los profundos desequilibrios macroeconómicos así lo demuestran. Aunque esto tenga, en la retórica política, las connotaciones negativas de un “ajuste”, mucho más costoso desde el punto de vista social es seguir apostando a superar el colapso energético vía multas a las empresas o aspirar a morigerar la inflación firmando acuerdos de precios, o pretender detener la caída de reservas desalentando los viajes al exterior. Estas medidas y otras de similares características son, en el mejor de los casos, mero voluntarismo.
 
El “ajuste”, entendido como la corrección de los desequilibrios generados por la expansión de los subsidios económicos y el empleo público redundante, es inevitable. Sólo queda por definir cómo y cuándo se lo aplica. Si se lo hace de manera rápida y profesional, no sería socialmente muy costoso y podría ser la oportunidad para generar una senda de progreso sostenido. Pero si se sigue demorando con planteos evasivos y discursos hipócritas, los costos sociales, como ocurrió en experiencias pasadas, serán enormes. 
 
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