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Y los mercaderes de la tierra lloran y hacen lamentación sobre ella, porque ninguno compra más sus mercaderías; mercadería de oro, de plata, de piedras preciosas, de perlas, de lino fino, de púrpura, de seda, de escarlata, de toda madera olorosa…; los mercaderes de estas cosas, que se han enriquecido a costa de ella, se pararán lejos por el temor de su tormento, llorando y lamentando y diciendo: ¡Ay, ay, de la gran ciudad, que estaba vestida de lino fino, de púrpura y de escarlata, y estaba adornada de oro, de piedras preciosas y de perlas!

                                                                                                                                                        El libro del Apocalipsis de San Juan

 

EL TERCER JINETE DEL APOCALIPSIS DEFLACIONARIO: EL PETRÓLEO

Desde 1850 a 1914 se desarrolló en Inglaterra, en Estados Unidos y en otras naciones europeas, lo que los historiadores han dado en llamar II Revolución Industrial. Una periodo espectacular, en cuánto al desarrollo económico y material de la humanidad. Desde un punto de vista macroeconómico, el crecimiento fue posible no sólo por el éxito de la agricultura… sino por una confluencia de factores que empujaron en la misma dirección. Sobre todo por un aumento brutal de la productividad industrial que evitó la subida de los precios; muy presionados por una población que no paraba de crecer. Para abaratar los costes de fabricación, los industriales recurrían constantemente a la moderación salarial, al uso del carbón y a la modernización de las fábricas para racionalizar las cadenas de producción. La tan cacareada I+D fue un invento de aquellos días… Todas estas circunstancias, provocaban un sostenido y vigoroso crecimiento del PIB. Por supuesto, había crisis puntuales… porque la confianza ilimitada en el progreso terminaba generando burbujas “tecnológicas”; como pasó con la fiebre por el ferrocarril, cuyo estallido se llevó por delante a las bolsas y a los bancos que habían arriesgado demasiado.

Tras cada crisis, el capitalismo resurgía como el ave fénix; daba dos pasos atrás y cinco hacia delante, para encarar el “más difícil todavía”. Las recesiones duraban, lo que la industria tardaba en “ponerse las pilas”. O sea, bastante poco. Los empresarios confiaban ciegamente en los progresos de la ciencia. Patrocinaban el trabajo de los inventores y estaban atentos a cualquier innovación tecnológica que pudiera reportarles beneficios en las cadenas de montaje. Varios descubrimientos y nuevas creaciones como: la corriente alterna, el caucho, el motor de explosión, el teléfono, la bombilla incandescente, la radio y muchos más, fomentaron el progreso y enriquecieron a un selecto grupo de emprendedores que entendieron sus posibilidades comerciales. Asimismo, las mejoras introducidas en el transporte y en las comunicaciones consolidó el mercado interno de  Estados Unidos y permitió el auge del imperialismo europeo.

Influidos por una interpretación sesgada del darwinisimo, los europeos se creían superiores a todo quisqui y se lanzaron a la conquista del mundo para saquear los recursos de las naciones menos desarrolladas. Los ingleses, por delante de todos. Los súbditos de la reina Victoria, instauraron por la fuerza de las armas el libre comercio en todos los territorios del imperio; lo que en la práctica era un eufemismo, porque el interés de las poblaciones nativas era ninguneado por completo. De este modo: los sudafricanos perdieron gran parte de su oro, los peruanos se quedaron sin guano y decenas de millones de chinos fueron obligados a colocarse con opio a cambio de su producción de té. Los bancos de la city repatriaban los capitales coloniales hacia la metrópoli y el HSBC, establecido en Hong Kong, será recordado para siempre por ser el primer narco banco de la historia. Pero oye: no había nada malo en todo eso! Sólo eran negocios…

La globalización de la época, era un chollo. El viento soplaba a favor para Occidente: las poblaciones jóvenes aseguraban la demanda de todo tipo de bienes, la producción agrícola florecía con el guano de Perú, la productividad industrial era altísima y el precio de las materias primas estaba por los suelos. Hay que ver como han cambiado las cosas… En cualquier caso, la II Revolución Industrial jamás se hubiera desarrollado sin el carbón. Era barato de extraer, fácil de transportar y su potencia calórica era formidable. Cualidades que todavía conserva. Por supuesto está el problema de la contaminación medioambiental… pero a los industriales del s.XIX les importaba un comino. Era la fuente de energía que calentaba los hogares, mantenía en funcionamiento a las fábricas y permitió la modernización de los medios de transporte. Sin él, nada de todo eso hubiera sido posible.

Un maná caído del cielo

A finales del s.XIX y a comienzos del s.XX, los empresarios empezaron a fijarse en las posibilidades comerciales del petróleo. En 1886, a Herr Benz se le ocurrió la genial idea de construir un vehículo de tres ruedas propulsado por un motor de explosión: el primer coche con gasolina de la historia! A partir de entonces, los emprendedores de la incipiente industria del automóvil comenzaron a competir entre sí. Por un lado estaban los constructores de los vehículos impulsados a vapor –cuyo combustible era el carbón-; y por el otro los constructores de los vehículos propulsados por gasolina o gasoil (Rudolf Diesel se incorporó un poco más tarde, pues casi la palma en uno de sus experimentos). La batalla entre ambos bandos se prolongó hasta que Henry Ford reventó el mercado con su modelo Ford T; que era mucho más barato, liviano y fiable que los automóviles de vapor.

Para los empresarios del carbón, el éxito de Ford y compañía fue duro de roer. En las décadas siguientes esta materia prima seria desplazada en todo el sector del transporte por el petróleo. La potencia energética del petróleo era inigualable. Y no sólo eso: era muy barato! En algunos países como Arabia Saudita o Venezuela podía recogerse con la mano… y en Texas, Argentina, Azerbaiyán y otros lugares, la extracción era muy fácil porque el oro negro se hallaba a muy poca profundidad. Los costes de producción eran muy bajos y eso explica, en buena medida, el éxito comercial de la Standard Oil de Rockefeller y de otras compañías que vendrían después.

Asimismo, la explotación del petróleo desencadenó un boom en la industria química. Al principio, el trabajo de las refinerías se enfocó en la obtención de gasolinas, gasoil y queroseno para el sector del transporte. Pero luego, conforme pasaban las décadas del s.XX, los progresos en los procesos de destilado permitió la obtención de productos más sofisticados como los plásticos y los fertilizantes, que rápidamente encontraron un hueco en el mercado. La fiebre por los hidrocarburos es fácil de entender. Su relación coste/beneficio era extraordinaria; lo cuál permitió la liberación de ingentes recursos financieros que la industria empleaba para pagar a sus accionistas o para introducir mejoras en las fábricas. O dicho de otro modo: los beneficios socioeconómicos del petróleo superaban, con mucho, sus costes de producción. Por eso a nadie debería extrañar que el consumo de gasolina y gasoil desplazara al carbón en el transporte; que los plásticos arrinconaran a la industria del vidrio o que se extendiera el uso del petróleo en las centrales térmicas para la generación de electricidad.

El acceso a fuentes de energía baratas –no quiero olvidarme de la electricidad…-, fue la guinda para la II Revolución Industrial. La confianza ilimitada en el progreso, en la tecnología, en las posibilidades del ser humano o el rechazo visceral del pasado… estaban al orden del día. La mejor expresión de tanta euforia lo encarnó el movimiento futurista italiano; cuyos integrantes sentían pasión por los coches, por las máquinas, por los deportes de riesgo y, también, por las aventuras militares. Y casi todos iban de poetas (es una peña bastante interesante). Lo malo de tanta euforia y energía desbocada, sin embargo, es que al final puede la cosa puede descontrolarse. Cualquier psiquiatra serio estaría de acuerdo conmigo. Los europeos aprovecharon el vigor del crecimiento económico para afilar los sables y dirimir sus disputas en la I Guerra Mundial. Se dejaron 14 millones de muertos por el camino… Y francamente, no se puede ser más estúpido. En cambio, los norteamericanos optaron por la botella de whisky y por el frenesí de las bolsas; impulsadas al principio por las excelentes plusvalías empresariales y, más adelante, por el crédito de los bancos. En la primavera de 1928, el presidente Hoover declaró que “la prosperidad estaba a la vuelta de la esquina”; cuando en realidad, al doblar la calle les esperaba el crash bursátil de 1929 y una depresión que todavía se recuerda.

No hay de donde sorber

Hace ya un montón de años, me fui con unos amigos a Cuba. Recién me había licenciado en Geografía e Historia e, incauto de mi, pensaba que al gobierno de Fidel Castro le quedaban “dos telediarios”. Aunque mis colegas tenían otros propósitos… yo sinceramente deseaba conocer la realidad de una sociedad comunista antes de que se desvaneciera, como ya había sucedido en la Europa del Este. Así que me fui con ellos. Alquilamos un coche y nos pateamos la isla de cabo a rabo. Nos alojábamos en casas particulares, comíamos en los paladares y visitamos un montón de ciudades. Al movernos tanto, descubrimos muy pronto que en la isla había dos tipos de gasolina: la gasolina para turistas, más cara pero de mayor octanaje; y la gasolina para los cubanos, cuyo rendimiento dejaba bastante que desear. Sea por la razón que sea, decidimos comprar sólo gasolina para cubanos –lo cuál era ilegal-. Llegábamos a un sitio, le preguntábamos a la gente y terminábamos en los arrabales de cualquier ciudad… Medio orgullosos y medio acojonados. En un momento dado, salía alguna mami de alguna casa cochambrosa con un cubo lleno de gasolina en una mano y un tubo, en la otra. Entonces nos esperaba la apasionante tarea de sorber… Poníamos un extremo de la manga en el cubo y sorbíamos por el otro; succionando el líquido hacia nuestras bocas. Cuando estaba cerca, metíamos la manguera en el depósito del coche y la presión atmosférica hacia el resto. Los cubos se vaciaban como por arte de magia.

Lo malo de todo esto es que cuando la manguera era muy corta, la fuerza de la succión nos llenaba frecuentemente la boca de gasolina… Entonces algún gracioso te ofrecía un cigarrillo. En cambio, si el tubo era demasiado largo, nos dejábamos los pulmones por el camino, tratando de empujar la gasolina hacia arriba. Pues bien, con la extracción del petróleo sucede algo parecido –salvando todas las distancias, claro está-. Cuánto más profundo esté en el subsuelo, más caro será de extraer; ya que la aspiración del mismo se complica a medida que aumenta la longitud de los “tubos” que se usan durante las perforaciones. Esto me hace pensar en los yacimientos que Repsol y otras compañías explotan en alta mar, sea en Brasil, en el mar del Norte o en el Golfo de México, porque se trata de un petróleo caro que tiene que venderse a 70 u 80 dólares el barril para que el negocio sea rentable. Por eso muchos inversores buscan invertir en compañías cuyas reservas se encuentren cerca de la superficie. Si eso es posible… En el fondo, todos los pozos se enfrentan al mismo problema: cuando la presión en la cámara que contiene los hidrocarburos disminuye con el paso del tiempo, su rentabilidad va decayendo hasta que, en un momento dado, son precintados y abandonados.

El progresivo encarecimiento del crudo desde los tiempos de Rockefeller a esta parte, ha ido complicando la situación financiera de los ciudadanos, de las empresas y de los gobiernos. Sobre todo, a partir de la gran crisis del petróleo de los años 70 del siglo pasado. La escalada de los precios se debe en parte a la especulación por parte de los países productores –instigada en su día por Gaddafi, al que ya han ajustado las cuentas…-; y en parte, a la necesidad de las compañías petroleras de mantener sus márgenes a medida que se encarecen los costes generales de la producción. Durante mucho tiempo me he preguntado por qué el precio del barril se mantiene tan alto cuando la recesión amenaza por todas partes… Es una buena pregunta, no? Pues bien, creo que la respuesta se halla en la situación intrínseca de las petroleras. Si el precio del barril baja debido a los miedos deflacionarios, éstas cierran los pozos más caros o abandonan las prospecciones en curso para ahorrar costes, con lo cuál restringen la oferta y el precio del barril vuelve a dispararse. Eso es lo que piensa Gail Tverberg y yo estoy de acuerdo con ella.

Cambio de Paradigma

Los tiempos del crudo barato son cosa del pasado. Hace ya muchos años que no se descubren yacimientos cómo los de antaño. Hay cierto consenso en el sector de que el Peak del Petróleo se alcanzo en 2008; momento a partir del cuál la producción va a menguar, pase lo que pase con la demanda. Y es que ya no hay de dónde sorber… Como consecuencia de todo esto, los precios siguen subiendo.

Según la Agencia Internacional de la Energía

Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE)

Debido a que somos una sociedad petróleo-dependiente y a que todavía no hemos encontrado una fuente de energía que permita reducir la demanda de hidrocarburos, el mundo entero se enfrenta a un problema irresoluble. Todo lo que tenemos se hace con o mediante el petróleo. Derivan del oro negro: los plásticos, los fertilizantes agrícolas, ciertos alimentos, el alquitrán con que cementamos nuestras carreteras, los combustibles del sector del transporte, los combustibles que se usan en algunas centrales térmicas, etc. Si el petróleo sube, sube todo lo demás. Para los ciudadanos, la industria y los gobiernos, la situación empieza a descontrolarse:

-Los ciudadanos: Tendrán que acostumbrarse a pagar más por el transporte, los alimentos y la ropa. Lo malo de todo esto es que el encarecimiento del coste de la vida se produce en un contexto generalizado de caída de los salarios. Sin ahorros, el consumo sólo puede patrocinarse con bajos tipos de interés y vía endeudamiento. Eso es lo que están intentando la FED, el BCE, el BoE y el BoJ. Y ni así, porque ya vemos que en Europa estamos al borde de la deflación. En cualquier caso, la temporada de la vida low-cost ha venido para quedarse; sea porque compramos marcas blancas, consumimos medicamentos genéricos, compramos ropa en outlets, viajamos con Vueling o porque nos “encantan” los productos del Mercadona –si algún día sale a bolsa, es compra obligada-.

-La industria: Hace pocos años la empresa de fertilizantes alemana K+S, abandonó el petróleo por el gas natural. Necesitan energía para procesar la potasa que extraen de las minas. Y entendieron que si seguían dependiendo del crudo, sus márgenes iban a saltar en mil pedazos. Se gastaron un pastón modernizando sus fábricas para adaptarlas al consumo de gas natural y, gracias a ello, han mejorado significativamente la rentabilidad del negocio. Sin embargo, para la minería en general las cosas van muy mal… Tendrían que seguir el ejemplo de K+S, pero la mayoría no lo han hecho; tal vez, porque no pueden. Por eso muchas compañías están al borde la quiebra. En ese caso sólo pueden cerrar minas, bajar los salarios o despedir a la gente. Lo cuál debilita el consumo de la ciudadanía todavía más… En cualquier caso, el aumento del precio de la energía está impactando en el balance de todo el complejo industrial a escala mundial. Encarece los costes de producción y muchas empresas se ven en la necesidad de endeudarse con los bancos para sobrevivir y continuar con su actividad. Que se lo pregunten a los de Fagor o Panrico… Luego, como los bancos son conscientes del peligro –ya decía Mark Twain que “te retiran el paraguas cuando llueve”-, tienden a restringir el crédito; empeorando más, si cabe, la existencia de los industriales.

-Los gobiernos: Para los gobiernos, los Estados, todo esto se traduce en menos recaudación fiscal. Lo cuál los obliga a endeudarse para financiar su superestructura. Sin la asistencia de los Bancos Centrales, sea a través de la labor de los QE o los LTRO, muchos ya habrían incurrido en default. De momento aguantan, pero ya veremos hasta cuándo…

Como veis, el tercer jinete del Apocalipsis está disfrazado de inflación. Cuando en realidad, va repartiendo deflación a diestro y siniestro. Su disfraz es muy vistoso en las economías re-emergentes. Esto es así, porque los BRICS son actualmente el taller del mundo (por obra y gracia de la globalización):

Según el Statistical Review of World Energy de BP (2013)

Debido a que la industria consume mucho más crudo que el sector servicios, los re-emergentes no tienen otro remedio que engordar la factura energética, extendiendo la inflación por sus economías. En cambio, como en Occidente estamos volcados con el sector terciario, los costes no son tan gravosos. Por supuesto, en China, la India o Brasil van a tener que lidiar con dinámicas inflacionistas y deflacionistas; pero su resolución dependerá de la política monetaria y fiscal de cada país.

La industria petrolera está intentando minimizar todo esto. Han aumentado mucho la producción de gasolinas por barril, fomentan el consumo del biodiesel, están buscando petróleo como locos y ahora, también, están experimentando con el fracking. Sin embargo todo eso son parches, que no alteran la problemática de fondo: el petróleo se acaba. Respecto al fracking me gustaría comentar algo. A no ser que los coches funcionen con gas natural y que toda la industria se pase a esta materia prima, ningún país alcanzará la independencia energética. El petróleo de esquisto es muy caro… Y para que las petroleras obtengan negocio con el gas pizarra, seria necesario que las sociedades occidentales abrumadas por el peso del sector servicios, paguen más por él (lo cuál, es harto improbable). Recientemente, Shell ha abandonado el negocio del fracking en EE.UU. Por la sencilla razón de que, con los precios actuales del gas, no han podido rentabilizar las costosas inversiones iniciales. Han palmado más de 2000 millones de dólares y se han largado…

Y para terminar, dejo un par de reflexiones. Si el mundo sucumbe a un shock deflacionario, la mitad de la industria petrolera sucumbirá porque no podrá sufragar los gastos de la extracción y el refino. Luego, si salimos de la recesión y empezamos a crecer con fuerza, la subida de los precios detendrá en seco el crecimiento económico. James Hamilton, en su magnífico artículo "Causes and consequences of the oil shock of 2007-2008", sostiene que cuando la factura petrolífera de un país alcanza el 5’5% del PIB –o el 10% considerando todas las fuentes de energía-, éste entra inmediatamente en recesión. Desde el fin de la II Guerra Mundial, Estados Unidos ha padecido 11 recesiones. Y en 10 de ellas, la factura petrolífera llegó a ese fatídico 5’5% del PIB. También sucedió en 2007 –como en España, por cierto-. Lo cuál nos lleva inevitablemente a la conclusión de que “los días de vino y rosas” son cosa del pasado…

Tal vez los mayas estén en lo cierto y ahora toque un cambio de ciclo. Lo que yo veo, es que Occidente ha perdido los fundamentales que impulsaron la II Revolución Industrial. Todo ha cambiado por completo. Tenemos poblaciones viejas, pagamos un pastón por la energía, los salarios son bajos y estamos hasta arriba de deudas. De momento, las bolsas ignoran todo esto… Es más, muchos se sorprenden de que la FED no haya reducido el QE o que el BCE haya bajado los tipos de interés. Jesús, María y José… este mundo siempre estará lleno de incautos y de vende-biblias. La situación actual es insostenible y cuando corrija, habrá mucho dolor.

 

Creo que este es uno de mis mejores artículos… Espero que os guste!

  1. en respuesta a Claudio Vargas
    #51
    Fleischman

    A mí es el que menos me ha gustado (por lo repetitivo), aunque por supuesto lo recomiendo. El de Colapso es similar pero más ameno, pues trata distintas civilizaciones (aunque es bastante tocho y los primeros capítulos son un poco rollo). Luego tiene dos cortitos, "El tercer chimpancé" y "¿Por qué es divertido el sexo?", sobre biología-evolución, que me encantaron. Si quieres saber por qué mola hacer cositas o por qué a los tíos les suelen gustar los coches deportivos o se emborrachan y se ponen a hacer el imbécil, ahí están las respuestas... :)

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  2. en respuesta a Fleischman
    #50
    Claudio Vargas

    Estaremos atentos pues! De sus libros sólo me he leído el de "Armas, germenes y acero". Un libro sensacional por su enfoque global y su capacidad de síntesis.

    Un abrazo!

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  3. en respuesta a Gaspar
    #49
    Fleischman

    Por cierto, hace poco que ha sacado el último (aún no lo he leído, pero por el resumen parece que no ha cambiado de género, jeje):

    EL MUNDO HASTA AYER (EN PAPEL)
    JARED DIAMOND , DEBATE, 2013

    El mundo hasta ayer, de Jared Diamond, autor de otras obras como Armas, gérmenes y acero o Colapso, es un fascinante retrato del pasado de la humanidad y de las diferencias frente a la vida moderna; un libro provocador, iluminador y ameno, como todos los de Diamond, que se convertirá en una lectura obligada y gozosa. El mun do hasta ayer, clasificado en la materia de antropología social y cultural, es el libro más personal de Diamond, ya que utiliza sus décadas de trabajo en las islas del Pacífico y sus investigaciones sobre los Inuit o los indios del Amazonas. Un fascinante retrato de cómo ha sido el pasado humano durante millones de años, y lo que significan las diferencias entre ese pasado y nuestro presente. Jared Diamond ha sido elegido miembro de la Academia de Artes y Ciencias, de la Academia Nacional de Ciencias y de la Sociedad Filosófica de Estados Unidos, y ha recibido una beca de investigación de la Fundación MacArthur, además de los premios Burr de la Sociedad Geográfica Nacional y Pulitzer de 1998 por Armas, gérmenes y acero. Damos por descontadas las características de la sociedad moderna , desde los viajes en avión y las telecomunicaciones a la alfabetización y la obesidad. Sin embargo, durante la casi totalidad de los seis millones de años de su existencia, la humanidad se las ha arreglado sin esta clase de adelantos. Aunque la brecha que nos separa de nuestros ancestros primitivos parece inabarcable, podemos examinar parte de nuestra antigua forma de vida en ciertas sociedades tradicionales que todavía hoy existen o han existían hasta hace poco. Sociedades como las del altiplano de Nueva Guinea nos recuerdan que fue solo ayer (en términos evolutivos) cuando todo cambió y que aún poseemos cuerpos y costumbres sociales mejor adaptadas a las condiciones tradicionales que a las modernas.

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  4. en respuesta a Fleischman
    #48
    Gaspar

    uff Jared Diamond, amo sus libros. Sí tienes razón yo utilizo el termino malthusiano haciendo referencia a Paul Ehrlich.

    Es que lo que se va a inventar, se hará cuando menos se le espere, cuando estemos arrinconados y no antes. No cuando lo deseemos sino cuando ya no haya otra alternativa. La innovación no tiene que ser necesariamente tecnológica, la innovación puede ser simplificar procesos, mejorar algo que ya tenemos, ver las cosas de otra forma, aplicar métodos olvidados o marginados, etc. Por ejemplo hace poco estuve en Peru con emprendedoras e innovamos en la enseñanza de finanzas y contabilidad para que mejoren sus negocios. No necesitamos de iPads, ni si quiera del movil ni ninguna tecnología, simplemente mejoramos el "cómo" enseñar finanzas y contabilidad a personas que no tienen tiempo de aprender la diferencia entre Ingreso bruto e ingreso neto. ¿cómo? utilizando rule of thumbs que los microempresarios mas exitosos de la zona ya usaban y han usado por generaciones. Sé que el tema del petroleo es muy diferente pero también puede existir innovación, creatividad y dinamismo sin tecnología.

    Estoy de acuerdo que es necesario tomar medidas preventivas y mas si nos referimos al environment y la naturaleza, yo no discuto eso, tampoco discuto que no tratemos de mejorar las cosas hoy y hagamos previsiones (independientemente de las probabilidades de un evento), después de todo a eso me refería con Margen de Seguridad, a tener un slack, un rango de maniobra que nos permita actuar en el peor de los casos, a tomar medidas necesarias que disminuyan el impacto del problema y nos ayuden a soportar mas peso del que cargaremos.

    Yo también creo que el problema se va a retrasar mucho tiempo, y no sólo con el petroleo sino también con el carbón y en shale gas, pero honestamente no sé cómo estaremos en 10 o 20 años.

    saludos

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  5. en respuesta a Gaspar
    #47
    Fleischman

    Sí, precisamente creo que era Matt Simmons el que decía que el peak-oil lo veríamos por el espejo retrovisor... Creo que estamos aplicando el término malthusiano de forma distinta, por ejemplo Jared Diamond es un optimista a pesar de que uno de sus libros más famosos se titula precisamente "Colapso". Entiendo que tú piensas más en tipos como Duncan o Ehrlich, para los que va a haber un apocalipsis sí o sí. Es decir, yo no llamaría catastrofistas a quienes advertían de que se iba a pinchar la burbuja inmobiliaria, por ejemplo (aunque en muchos casos se equivocaran en la fecha del pinchazo).

    Yo lo entiendo más como los que creen que hay límites finitos (como el caso de Tom Murphy que ponía más arriba, que se define a sí mismo como físico finito frente al economista exponencial), otra cosa es efectivamente clavar la fecha (en el caso de Hubbert hay que reconocer que tuvo suerte, pues cometió errores que se compensaron entre sí; lo que no le quita mérito teniendo en cuenta la época y condiciones en las que trabajó).

    Como dices, están defendiendo una obviedad (que no es posible el crecimiento exponencial indefinido en un planeta finito), pero precisamente el sistema está montado para que funcione cuando hay ese crecimiento exponencial y los problemas comienzan (como estamos comprobando con la actual crisis) no cuando llega el agotamiento sino cuando se deja de crecer al ritmo necesario. Otra cuestión es también a qué llamamos "colapso", no necesariamente es extinguirse como especie (algunos predicen el fin de la sociedad avanzada "tecnológica" actual, pero no necesariamente mayor pobreza implica menor población; muchas veces se produce justo el efecto contrario).

    El problema yo lo veo como un análisis de riesgos al uso. Independientemente de cómo de cercana esté la fecha del inicio de la "cuesta abajo" de las energías fósiles (en cualquier caso del orden de años o como mucho decenios, es decir, lo vamos a ver con nuestros ojitos), se confía en el "algo inventarán". La cuestión es que, aunque fuera poco probable que NO se invente nada que solucione la papeleta, y que por tanto las acciones de mitigación resultaran ser innecesarias, el impacto en caso de que ocurra es tan grande (y esto aplica a otros temas como la conservación de la biodiversidad o el cambio climático) que es recomendable tomar esas acciones por si acaso (insisto, aunque la probabilidad fuera baja). Si nos equivocamos en las previsiones y tomamos acciones para nada, habremos conseguido tener un planeta más limpio para nada... :)

    Por eso mismo me pongo el cinturón de seguridad al conducir, aunque considero que la probabilidad de tener un accidente es baja. Y, ojo, que la probabilidad no tiene pinta de ser baja precisamente. Actualmente estamos en un caso de impacto alto - probabilidad alta. Los inventores de tecnologías milagrosas ya están tardando... fíjate que toda esta gente que no se fía de la tecnología no son precisamente ignorantes en ella. La confianza en la tecnología suele aumentar con el desconocimiento de la misma, curiosamente.

    Personalmente creo que vamos a retrasar el problema de escasez de recursos (en el sentido de no crecimiento, no de agotamiento, insisto) a costa de adelantar el problema de degradación ambiental. Es decir, que vamos a quemar todo lo quemable, aunque hagamos el aire irrespirable (véase China). Aunque he de reconocer que pienso esto en retrospectiva, jeje, si soy sincero nunca pensé que llegarían a las condiciones de degradación que tienen actualmente... :)

    Un saludo.

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  6. en respuesta a Fleischman
    #46
    Gaspar

    jeje no no hay un sesgo de selección porque yo hablo de la raza humana (que es el conjunto de civilizaciones) sin hacer referencia a civilizaciones individuales (que van y vienen). Yo lo único que digo de las civilizaciones es que su desaparición sólo es reconocible en retrospectiva y la desaparición de ésta no sera diferente. El sesgo de selección y también de survivorship es precisamente nombrar sólo a quienes acertaron en ciertas predicciones (Hubbert et al) y no a la mayoría que no acertaron, lo cual solo es obvio en retrospectiva. Claro que hay quienes aciertan pero son muy muy muy pocos y sólo sabremos si acertaron en retrospectiva no antes porque es imposible comprobarlo ex ante por muy bonitos y lógicos que suenen sus argumentos lineales. Lo mas curioso es que Hubbert no era malthusiano, no creía en el colapso. Es muy diferente decir que un recurso finito se acabará a decir que eso causará el colapso y que vamos rumbo al precipicio. Lo repito, los malthisianos hacen predicciones de cosas obvias, pero con argumentos equivocados porque cuando llega el momento de la verdad si es que algun dia llega, las causas no serán las que ellos dijeron sino otras diferentes.

    Lo que invalida un análisis son argumentos equivocados y estos argumentos están equivocados por:

    1.- Parten de una conclusión (algo malo pasará) y no de una hipótesis (¿pasará algo malo?). Comienzan a buscar pruebas para soportar esa conclusión, en vez de buscar matices que desapruben o la desafíen.

    2.- Hacen pronósticos lineales

    3.- No toman en cuenta una variable muy importante, el dinamismo y creatividad del ser humano que cuando se ve acorralado y frente a la escasez reacciona de forma inesperada, para bien o para mal. Las malas reacciones son las causas que generalmente podrían llevar al "colapso" y estas causas son muy diferentes a las que en un principio los malthusianos se referían, por eso digo que sus pronósticos son de cosas obvias y sus argumentos equivocados.

    4.- Caen en el Falso Dilemma. Es clásico decir: o hacemos A o nos enfrentamos a B. Sólo tenemos dos opciones A o B. Y todas las variantes. La realidad es mas complicada que esos falsos dilemmas.

    Creo que algo que no se ha entendido es que el ser humano es terrible pronosticando, por mas que seleccionemos a un par de personas que acertaron en alguna predicción, la verdad es que la mayoría se equivoca y esas equivocaciones casualmente las olvidamos y peor aun es que un acierto no implica que sus siguientes predicciones serán exitosas. Partiendo del punto de que es mas probable que una predicción esté mal, yo me inclino por no creer en ninguna predicción, aunque me gusta leerlas porque es bueno conocer varios puntos de vista y contrastarlos y sobre todo leer a quienes se equivocan porque así sabremos que es lo que No hay que hacer y cómo No debemos pensar.

    Y no digo que el petroleo no se vaya a acabar, eso no está en discusión porque es algo mas que obvio. El petroleo es un recurso finito y es obvio que se acabará hasta un niño puede concluir eso. Mi punto es que predecir qué va a pasar cuando se acabe y/o decir que habrá una especie de colapso o apocalipsis, tiene muchas probabilidades de fallar y mas porque no se toma en cuenta la tecnología y los puntos (1,2,3,4) que ya mencioné. Por eso para leer sobre el futuro es mejor leer la sci-fi porque ellos no tienen los limites lineales y de escenarios finitos que la mayoría de estas predicciones tiene.

    Por mas necesidad que el ser humano tenga de hacer pronósticos y querer inferir lo que pasará en el futuro, debemos aceptar que es un ejercicio inútil (o entretenido en el mejor de los casos) y lo ha sido siempre. Lo mejor que podemos hacer es esperar lo mejor y prepararnos con suficiente margen de seguridad.

    Para finalizar recomiendo leer los periódicos de los 70s y 80s con el embargo. Los malthusianos y catastrofistas estaban de moda y era de "inteligentes" seguir sus argumentos porque eran los mas lógicos. Pero visto en retrospectiva, el mundo no se acabo no hubo un colpaso. Por mas que USA haya sufrido y su población, no hubo apocalipsis. Lo mas curioso es que apartir de la escasez que origino el embargo muchas tecnologías se hicieron mas eficientes como los air conditioner, calentadores, coches, comenzaron a invertir mas en la investigación del shale gas y bituminosas y tecnologías verdes. Que el petroleo se acabe, realmente es algo bueno, puede parecer contrintuituvo pero es lo mejor que nos puede pasar, porque ante la escasez reaccionaremos, mal o bien, pero al menos dejaremos atrás esta complacencia en la que nos encontramos.

    Los únicos pesimistas que conozco que han tenido éxito son escritores como Vonnegut o Beckett y volvemos a los mismo. Ellos no tienen el pensamiento lineal y limitado que la mayoría tenemos. Ellos juegan en mundos infinitos sin limites.

    Saludos

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  7. en respuesta a Claudio Vargas
    #45
    Fleischman

    Los mejores post son los primeros, en los más recientes habla de temas mucho más concretos, o de los paneles solares que tiene en su casa, por ejemplo (aunque casualmente hace poco tocaba el tema de la población) lo que los hace menos interesantes en mi opinión. El post que te decía antes lo continúa con estos dos:

    http://physics.ucsd.edu/do-the-math/2011/07/can-economic-growth-last/
    http://physics.ucsd.edu/do-the-math/2012/04/economist-meets-physicist/

    Ya por los títulos puedes ver de qué van, el último es bastante divertido: una conversación entre él, físico "finito", y un economista "exponencial"... :)

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  8. en respuesta a Fleischman
    #44
    Claudio Vargas

    Muchísimas gracias Fleischman! No conocía el blog, pero lo voy a añadir a los blogs que sigo con asiduidad. En efecto es como dices. Básicamente, tenemos el problema de que la energía barata es cosa del pasado... Y si no lo es, pues se carga el medioambiente (lo cuál es incluso peor). Así que no es tan barata... Estamos metidos en buen atolladero.
    Todo esto, por supuesto, está perjudicando a la tan cacareada recuperación de la economía mundial. Y no olvidemos que la población mundial sigue creciendo a buen ritmo (aunque no tanto como hace unos años). O sea, mayor demanda de un recurso finito. No soy un experto en el tema de la energía, Fleischman. No como lo puedes ser tú o Solrac. Todas vuestras aportaciones son más que bienvenidas porque aprendo con vosotros y me ayuda a profundizar en las consecuencias macroeconómicas de todo esto.

    Un abrazo amigo!

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  9. en respuesta a Gaspar
    #43
    Fleischman

    Hola Gfierro, una precisión para el caso particular del petróleo. Hubbert se hizo famoso precisamente por pronosticar la fecha del pico en EE.UU. (predicción hecha en los años 50, ojo, con quince años de antelación), y posteriormente Campbell y Laherrère clavaron la fecha del peak oil global (ya en 1998, con mejores medios y datos, eso sí). En ambos casos las predicciones fueron hechas en épocas de bonanza petrolífera y se rieron de ellos... Tom Murphy, del que hablaba más arriba, vio venir la crisis económica y vendió su casa justo antes de que pinchara la burbuja.

    Por supuesto que hay gente que se equivoca (no solo los catastrofistas, pues tampoco andamos ahora por ahí paseando con túnicas blancas mientras los robots nos hacen la vida regalada). Pero eso no invalida cualquier análisis. El problema está, como bien dices, en las no linealidades. Pero ojo, que los cambios de modelo no solo son "para bien". No necesariamente hay siempre progreso. Lógicamente si estamos diciendo esto es porque no hemos palmado antes: hay un sesgo de selección. Si de mil civilizaciones solo sobrevive una, los observadores de esa única civilización podrían llegar a pensar, si desconocen lo que les pasó a las otras 999, que el futuro siempre es glorioso. Y, si lo conocen, pueden pensar que "ahora es diferente". Quizá lo sea, pero quizá no. Más que el ejemplo de Pascua, a mí me mola el de los vikingos de Groenlandia, porque es más reciente, por ser europeos como nosotros... y porque no quedó ni uno para contarlo. :P

    En cualquier caso, no nos vamos a quedar con las ganas de saber quién tiene razón, si los optimistas o los pesimistas, suponiendo que dentro de diez o veinte años sigamos por aquí, jeje. Es lo bueno que tiene que las fechas estén ya cercanas... :D

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  10. en respuesta a Brownehead
    #42
    Fleischman

    De hecho, ya se ha encontrado... el carbón:

  11. en respuesta a Claudio Vargas
    #41
    Fleischman

    Hola Claudio, permíteme solo una precisión (más que nada por rigor en el lenguaje, ya que el problema lo entiendes perfectamente): el problema no es que el petróleo se acabe (no se acabará nunca y, de hecho, si tenemos en cuenta los hidrocarburos no convencionales, probablemente dejemos más sin explotar que el que lleguemos nunca a extraer -afortunadamente, por otra parte, porque si quemáramos todo, el cambio climático sería brutal-).

    Los problemas comienzan cuando no se consigue que aumente la producción. Así, la crisis energética actual no es por agotamiento, sino por imposibilidad de crecimiento (estamos en meseta, como sabes). Como dice Mariano Marzo, da igual si tienes muchas barricas de cerveza en el almacén o un campo entero plantado de cebada, si no puedes aumentar el caudal del grifo. Ojo, que esto es para el petróleo: teniendo en cuenta el resto de fuentes de energía (particularmente el carbón, como expone muy bien Gail en su blog), la producción de energía en el mundo aumenta no solo en términos totales sino incluso también per cápita (habiéndose superado el peak -per cápita- de 1979).

    Esto también aplica para otros recursos "abundantes", como el gas o el carbón. Aunque haya para muchos años de consumo ACTUAL, el problema es que llega un punto en que no se puede AUMENTAR indefinidamente la producción. Ese punto ya pasó para el petróleo convencional (entre 2004 y 2008, dependiendo de cómo se mida; la fecha "oficial" de la AIE es 2006), hay autores que defienden que ya se ha alcanzado para el carbón (medido en términos de energía, no de volumen) y se estima que para el gas faltan unos pocos años (entre 5 y 20, aproximadamente, dependiendo de la fuente).

    Supongo que lo conoces, pero por si acaso te recomiendo el blog "Do the math" de Tom Murphy, que trata estos temas de forma muy didáctica. El post inaugural ya es de lo mejorcito:
    http://physics.ucsd.edu/do-the-math/2011/07/galactic-scale-energy/

    Un saludo!

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