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Global Allocation: Informe especial enero 2019

2018, la transición 2019, la recesión

2018 empezó con una sobrevaloración en prácticamente todos los activos y terminó como el año record en cuanto al número de activos que tuvieron rentabilidades negativas.

Como explicábamos el año pasado, cuando la actividad económica se encuentra en plena ebullición, termina generando tensiones en los precios, lo que obliga a las autoridades monetarias a ser más restrictivas en sus políticas monetarias. Finalmente, estas subidas en los tipos de interés, hace que el valor actual de los activos se reduzca, así como que sea más interesante destinar una parte de las carteras a rentabilidad “sin riesgo” en bonos o activos a corto plazo.

Así, en EE. UU. hemos visto 4 subidas en los tipos de interés de 25pb cada una hasta llegar al 2,5% actual. Si bien estos tipos se pueden considerar extremadamente bajos desde una perspectiva histórica, dejan de serlo en cuanto tenemos en cuenta el nivel total de deuda al que nos enfrentamos en este ciclo. Tanto total, como en relación con el PIB.

Este hecho, unido al comienzo de las ventas de deuda por parte de la Reserva Federal (QT: Quantitative Tightening), a razón de 50 Billones $ mensuales, han hecho que los precios de los activos de riesgo, en especial el crédito y las bolsas, sufrieran un año relativamente malo.

Como anticipábamos también, temíamos un “evento” crítico, como el que sucedió en el mes de Febrero cuando los productos que tenían la volatilidad (o mejor dicho, la falta de volatilidad) como fuente de generación de rentabilidad, sufrieron en muchos casos su quiebra completa. Dichos productos ETP (Exchange Traded Product) apostaban a que la volatilidad revierte a su media, vendiendo volatilidad cuando empieza a subir y recomprándola cuando cae. La sangre no llegó al río porque no arrastró a ningún banco o institución financiera en su caída. Mientras los partícipes en estos fondos perdieron el 100% de su inversión en un solo día, los propios emisores de estos productos serían los que asumirían las pérdidas adicionales. El VIX, índice con el que se puede comprar y vender la volatilidad, llegó a cruzarse a precios de 60, proveniente de niveles por debajo de 10. En el año 1987, también debido a la proliferación de estrategias de inversión que trataban de limitar la volatilidad, principalmente a través de órdenes stop-loss, la volatilidad real llegó a estar en 150. En la crisis de Lehman del 2008, vimos niveles cercanos a 90

(En el año 2019, pensamos que se repetirá algún episodio de volatilidad extrema, más cercana a estos números, debido a la ingente cantidad de estrategias que aún funcionan basándose en la “venta de volatilidad”.)

La bajada de impuestos que hizo EE. UU. a las empresas le dio al mercado un soporte que fue más intenso del que inicialmente esperábamos. Nos hizo cerrar las posiciones cortas que manteníamos en la renta variable, para retomarlas una vez que entendimos que alcanzábamos, a finales de septiembre, los máximos de este ciclo. Es especialmente relevante que la práctica totalidad de esos ahorros se hayan destinado a la recompra de acciones por parte de las compañías (otro récord), en vez de a la inversión productiva, lo que sin duda ha dado un muy importante apoyo a las bolsas estadounidenses.

Por tanto, para resumir, las caídas en la primera mitad del año de los precios de los bonos, con el consiguiente aumento de los tipos de interés, fueron los que propiciaron finalmente la caída de los activos de riesgo.

Sin embargo, una vez que las caídas de la bolsa se hacían más pronunciadas, el mercado empezó a descontar un frenazo en las siguientes subidas previstas para este 2019, relajándose de nuevo los tipos de interés y recuperando una buena parte de las caídas en los bonos del tesoro estadounidense. No tanto en los bonos de las compañías, en donde un aumento considerable de los diferenciales de crédito, hicieron que estos activos no consiguieran beneficiarse del efecto de los tipos de interés.

Tomamos posiciones largas en bonos del Tesoro en EE. UU., al igual que en dólar estadounidense, si bien, y como es casi norma de la casa, nos anticipamos bastante al pico de rentabilidad, comprando los bonos a 30 años sobre el 3,05%. Llegaron al 3,40%, y terminaron el año prácticamente en el 3% de nuevo. Las pérdidas se vieron compensadas por las subidas del dólar estadounidense, ya que estos bonos los compramos sin cubrir el riesgo de la moneda, esperando que los mayores tipos de interés hicieran al dólar más atractivo, como así fue. Posteriormente cambiamos las posiciones de contado en dichos bonos por posiciones en futuros.

Estas posiciones decidimos deshacerlas, más por falta de capacidad para operar que por falta de convencimiento. En los fondos como el nuestro, existe un límite del 100% sobre el patrimonio a la exposición en “derivados”, tanto para tener exposición “vendida” en bolsa como para tener exposición en bonos sin riesgo de divisa, no queda más remedio que utilizar este límite. Así, cuando vimos que se acercaba de nuevo el momento de estar vendidos en bolsa, cerramos estas posiciones a favor de las anteriores. Sin duda nos hubiera gustado mantener ambas, y obviamente hubiéramos terminado el año bastante mejor.

El año tampoco ha sido bueno para los metales preciosos. Aunque recuperan bastante terreno, nos han generado pérdidas relativamente abultadas, en especial la plata.

También perdimos en las opciones que compramos para cubrir la posibilidad de un movimiento extremo en los mercados, tanto las puts sobre el S&P 500, como las calls sobre el Buxl (bonos alemanes a largo plazo).

Aun con todo, cerramos el año en positivo en donde solo el 7% de los fondos españoles lo consiguió (Morningstar). Aunque el fondo haya estado en rentabilidades negativas prácticamente todo el año, en ningún momento ha sido especialmente horrible.

Tarde, como decía, pero finalmente la estrategia de no estar en absoluto en la renta variable nos hace que, en comparación con casi todos los demás fondos, hayamos tenido un año más que bueno. De hecho, desde que empezamos en marzo de 2006, terminamos el año como el segundo mejor fondo en rentabilidad de España, donde se comercializan algunos miles, tan solo detrás de un fondo de Bankinter que replica el índice Nasdaq 100.

En cualquier caso, ha sido un año en que la primera mitad del año sufrimos una fuga de clientes al calor de los números que tenían, suponemos, muchos fondos de renta variable. En general, siempre han sido clientes que habían llegado por el mismo motivo, cuando era nuestro fondo el que estaba despuntando sobre el resto. Desgraciadamente, en muchos casos, no llegamos a poder enviarles nuestros informes para que conocieran las estrategias implementadas. Tampoco acaban de entender el concepto de inversión a largo plazo que mantenemos. Esto se basa en tratar de evitar las grandes pérdidas que regularmente se dan en los mercados, concretamente en la renta variable.

Dicho esto, me gustaría igualmente destacar que la presión por los resultados de corto plazo que genera el mercado incrementa las dificultades que permiten llevar a cabo una gestión más calmada, con decisiones más pausadas y reflexionadas, encaminadas a preservar el patrimonio y ganar lo máximo posible en el largo plazo, sin dejarnos llevar por las modas o el miedo a perdernos determinados movimientos.

Por supuesto, dar las gracias a todos aquellos que han conservado la paciencia y la confianza en nuestra gestión, y más a todos los que la van incrementando año a año, y que también, dicho sea de paso, son los que más nos ayudan a la hora de ir mejorando con el tiempo. Hay que reconocer que tampoco es fácil ser cliente, y que en muchos casos nuestra estrategia de inversión pasa por hacer lo contrario de lo que nos dicta el sentido común. Como tratamos de explicar, muchas de las decisiones de inversión acertadas, suelen ser al inicio “contraintuitivas”.

2019 ¿el año de la recesión?

Sí. Empezamos con una pregunta, de la que obviamente no tenemos la respuesta. Sin embargo, estamos prácticamente seguros de que será así, como vamos a ir viendo.

Como he explicado algunas veces, la economía se mueve por ciclos, los que antiguamente se llamaban los “ciclos empresariales” (business cycles), y que últimamente muchos economistas definen como ciclos de crédito.

Cuando el crédito fluye y aumenta, permite por tanto a la economía crecer por encima de su potencial, entendido este como la mejora en la productividad. Esta medida, para hacernos una idea, no suele encontrarse hoy en día muy por encima del 1%.

Sin embargo, cuando el crédito llega a un nivel que el propio servicio de esa deuda se incrementa más que la mejora de la economía, comienza a hacerse insostenible.

A medida que tenemos más y más deuda, se hace, por tanto, más complicado el poder tener unos tipos de interés altos. De hecho, nos encontramos en un momento en el que es complicado el tener unos tipos de interés ¡ni tan siquiera bajos! (según el IIF, el mundo ya está en el 320% de deuda sobre el PIB, es decir unos 250 Trillones de $)

En el momento en el que el crédito se empieza a complicar, hace que la actividad económica se reduzca, lo cual, como en un círculo vicioso, hace que los créditos se hagan más difíciles de repagar, lo que vuelve a encarecerlos de nuevo.

Como idea general, el crédito no es bueno ni malo. Lo único que hace es anticipar una capacidad de gasto o inversión. Mientras que este se use para conseguir rentabilidades superiores, es en principio bueno. Cuando es para aumentar el gasto improductivo, es desastroso.

A este efecto le ayuda especialmente una caída en el “optimismo” de los consumidores y empresarios, que vienen normalmente de una situación de euforia. Estos datos ya los vimos hace unos meses, batiendo todos los récords anteriores de euforia, y los estamos viendo cómo van cayendo prácticamente en picado. Esa euforia es además la que hace sostenible los niveles de valoración de las bolsas como hemos visto en EE. UU. Es especialmente significativo y por ello creemos que debemos estar atentos de las “expectativas” de los agentes económicos.

Nuestro escenario central es que el crédito ya ha empezado a reflejar esos primeros estadios de encarecimiento, de dificultad de acceso y empieza a impactar en la actividad económica.

Como todo, hay zonas en las que este efecto se nota más, o están más avanzados, y otras en las que menos. En general, el “estiramiento del chicle” en EE. UU. ha sido por la bajada de impuestos que hubo el año pasado, mayor que el que hay en otros lugares, en donde además se han visto más perjudicados por el endurecimiento del crédito. Nos estamos refiriendo aquí a los mercados emergentes, en donde la deuda en dólares estadounidenses acumulada en los últimos años ha hecho mucho más daño, al sumarse a las subidas de tipos la propia apreciación del dólar, que hace más costoso ese servicio de la deuda

Por tamaño, es especialmente preocupante la situación de China, aunque este año hemos visto (como avanzábamos el pasado año) que han sido estos países los que peor lo han pasado en términos generales.

Acabamos de ver cómo el año empieza con recortes de estimaciones en muchas de las principales compañías de EE. UU., con Apple como icono, debido a la situación en China.

Sin embargo, aún con unas cifras de crecimiento tanto de actividad como en el empleo (estas últimas suelen ser las más atrasadas en el ciclo, poco sirven para determinar cuanto nos queda o no para entrar en recesión. Es más, el empleo suele tener sus mejores momentos precisamente al final del ciclo económico), hemos visto cómo las cifras de ventas de bienes con una sensibilidad mayor al crédito están dando claras señales de deterioro. En concreto las ventas de automóviles y de vivienda.

El efecto riqueza

Este efecto, bien conocido por los economistas de los Bancos Centrales, genera un efecto positivo en el consumo e incluso un aumento del endeudamiento, debido a una precepción de mayor riqueza por parte de los consumidores.

De hecho, las políticas de tipos bajos o al cero, tienen como objetivo último el tratar de forzar a los ahorradores a buscar rentabilidad en distintos activos. Por su lado, el propio QE (compra de activos de renta fija, deuda pública en especial), bombea la liquidez necesaria en los mercados que hace que se aprecien los diferentes activos, por este orden: los bonos; las bolsas; y los activos inmobiliarios.

Estas subidas de precios de los activos, hace que la riqueza percibida por los ahorradores propietarios-consumidores sea mayor, aumentando con ello la propensión al consumo de los mismo

Sin embargo, cuando es el efecto contrario el que se da, es decir, ocurre una bajada en los activos financieros o inmobiliarios (en estos activos estamos viendo también una desaceleración o incluso caída ya en muchos lugares), el efecto riqueza tiene el efecto contrario.

Una caída del 10% solo en las bolsas de EE. UU., reducen la riqueza en unos 4 Trillones de $, esto es, “desaparece” un 20% de riqueza sobre el PIB… (este año pasado China cae un 25%, Europa sobre el 15%, Japón un 20%...)

Estamos, después del año 2000, en el momento histórico en que las familias en EE. UU. tienen una mayor proporción de su riqueza en el mercado de valores.

Obviamente este efecto se puede revertir en caso de que las bolsas suban, aunque nos tememos que el daño ya está hecho. Además, como con los materiales elásticos, con las bolsas sucede algo similar, llega un punto que para seguir hinchando hace falta cada vez más energía (más crecimiento de beneficios, crédito, liquidez, etcétera). Aun así, cuando los crecimientos esperados en los precios superan lo razonable, tarde o temprano tenemos un problema. La realidad es que, desde el pico del 2007, los beneficios han crecido al 5,1% anual (mucho menos si descontáramos las recompras de acciones) y los ingresos al 3,8%. En el gráfico inferior vemos la cifra de crecimiento de beneficios que estiman distintos analistas.

Aparte de tener en cuenta el efecto del ciclo de crédito, así como el efecto riqueza, que finalmente podemos volver a ver distorsionado por efecto de los bancos centrales, pensamos es muy importante igualmente el efecto crowding-out, especialmente en Estados Unidos.

(En el año 2015-2016, empezamos ver lo que parecía el final de este ciclo. Las intervenciones masivas de los bancos centrales, en concreto la compra de deuda corporativa del BCE, consiguieron alargar de nuevo el ciclo hasta convertirlo en el segundo de mayor duración de la historia. Esto, por supuesto, con los consiguientes efectos secundarios en los beneficios futuros de los bancos, que vieron cómo no sólo eran incapaces de ganar dinero por culpa de los tipos negativos, sino además cómo tenían que competir en la concesión de crédito con el propio Banco Central. Este consiguió mejorar los diferenciales de las empresas, a costa del margen de los bancos europeos se hayan en una situación parecida a los “zombies”. Muertos vivientes. No se incrementa los fallidos, pero en cambio son incapaces de rentabilizar su capital. Este pasado año también advertíamos de este efecto, que ha hecho que los bancos hayan sufrido caídas de cerca del 40%.)

Efecto crowding out

Volvemos a los conceptos “contraintuitivos”. En efecto, el efecto crowding-out se asume en un sistema económico, cuando se trasladan recursos desde el sector privado, en general mucho más eficiente, hacia el sector público. En Europa somos especialistas en aplicarlo indiscriminadamente. Sin embargo, hablamos de EE. UU., que es el mercado “líder del rebaño”. En EE. UU. hemos visto una importante reducción de impuestos, que a los economistas puede parecer muy positivo para la economía en general. Y de hecho lo es. De hecho, cualquier economista vería en esta reducción de impuestos el efecto justo contrario de lo que estamos hablando.

Sin embargo, en esta ocasión no sólo esta rebaja de impuestos ha venido acompañada de una bajada del gasto público, sino al contrario. Este hecho ha provocado que Estados Unidos se encuentre en un momento de alto crecimiento acompañado de un déficit fiscal cuando menos preocupante. El pasado año, entre el déficit corriente más los gastos extraordinarios (esos que tenemos todos los años, pero que no conocíamos al empezar), el déficit fiscal ha sido de 1,4 Trillones $, es decir, cerca del 6% del PIB. A este hecho, hay que sumar que la Reserva Federal está vendiendo unos 50 Billones $ mensuales de su cartera de bonos del Tesoro. Otro 600 B al año. Las previsiones de déficit, no solo para el 2019 sino igualmente para los siguientes años, son incluso crecientes, asumiendo un crecimiento similar al de este año, es decir, por encima del 3%.

La pregunta aquí es ¿de dónde salen esos 2T al año (10% del PIB) que necesita recaudar vía nuevas emisiones de bonos el gobierno de EE. UU.? Obviamente, del sector privado.

Esto, unido al hecho de que los tipos de interés, si bien no muy altos, ya pueden competir con el resto de las inversiones productivas, y más con la inversión en bolsa, nos lleva a la conclusión de que toda esta cantidad de dinero se debe trasvasar de la economía productiva hacia la financiación del estado, produciendo, finalmente, el efecto casi contrario al que se esperaba, además de con algunas contraindicaciones adicionales.

Estas contraindicaciones, son, en primer lugar, una de nuestras principales previsiones para el año, y es que EE. UU. perderá su calificación crediticia de máxima solvencia AAA. Este hecho, obviamente, puede tener alguna repercusión en los mercados, si bien no esperamos que sea especialmente relevante.

En segundo, que el efecto producido por las bajadas de impuestos hace que las compañías puedan “estrechar márgenes” para competir, por lo que, a medio plazo, se demuestra que las bajadas de impuestos hacen poco en cuanto a mejorar los niveles de beneficios. Diferentes estudios ponen de manifiesto como las compañías compiten con sus márgenes “después de impuestos”

Vamos, por tanto, a tratar de establecer qué esperamos para las principales clases de activos:

Bonos de gobierno

Aquí tenemos que separa por regiones, obviamente. En Europa, si el Banco Central Europeo cumple su promesa de no seguir incrementando sus compras de bonos durante el año (de lo cual dudamos) no vemos ningún valor. Más bien al contrario, con posibles problemas para los mercados periféricos, lo cual podría hacer que los bonos alemanes actúen, una vez más, como valor refugio. En estos bonos venimos detectando una concentración de posiciones cortas (vendidas), que esperamos que en algún momento puedan suponer incluso un pánico comprador (short squeeze). En cualquier caso, con rentabilidades del 0,25% a 10 años, o del 0,85% a 30 años, un disparate como activo para ningún ahorrador o inversor a largo plazo. El riesgo de Alemania a largo plazo es bastante engañoso, con un sistema bancario al borde del rescate, una economía centrada en las exportaciones y un sistema de pensiones que está mucho peor de lo que se imaginan. Tan sólo si viéramos ese pánico comprador intentaríamos aprovechar para tomar posiciones cortas.

Es especialmente preocupante Italia, en donde las emisiones previstas de bonos para este 2019 suponen 1B de euros diarios. En EE. UU., para el que quiera tener liquidez, pensamos que los bonos hasta 5 años ofrecen una alternativa más que digna. Sin embargo, y sobre todo en el caso que se confirme una posible recesión, el incremento de deuda pública puede ser una catástrofe para los tenedores de los bonos a más largo plazo. Así, pensamos que lo más prudente es pensar en una violenta inclinación de la curva de tipos de interés, que tiene los diferenciales actualmente entre el 2 y el 10 años por debajo de 0,20%. Este es además uno de los más fiables indicadores de futuras recesiones, y el que nunca falla. Si bien en anteriores ocasiones lo hemos llegado a ver con tipos negativos, los bajos tipos de los que partimos en este ciclo, así como el deterioro en la balanza fiscal a largo plazo, nos hacen pensar que ya hemos llegado al punto más bajo de este ciclo.

Estamos buscando alguna solución para poder implementar una estrategia que nos permita beneficiarnos de esta tendencia, pero por el momento no hemos conseguido encontrar nada con el riesgo de crédito, liquidez y riesgo de divisa que necesitaríamos… la culpa, de nuevo, la limitación de no usar más del 100% de derivados.

Resumen. No tocar por el momento.

Bonos corporativos

Hemos insistido a lo largo de este año, en el que hemos visto cómo se iban deteriorando los márgenes que las compañías tienen que pagar por sus emisiones, en el crecimiento que ha habido en Estados Unidos en el apalancamiento de sus compañías, que además han concentrado como nunca su riesgo en el último escalón anterior al bono basura. Esto es, BBB. Hemos visto además una serie de bajadas de rating, que sólo en el último trimestre del pasado año han llevado de ratings más altos hasta BBB emisores por importe de casi 300B. Una caída que no se daba desde el año 2008.

De hecho, es donde posiblemente veamos más riesgo en proporción al posible beneficio. Nos parece que puede tener incluso más sentido invertir menos cantidad en bonos de más riesgo (y mayores diferenciales), o bien buscar bonos con apenas diferencial pero con un riesgo casi inexistente (si es que eso existe) para mantener una adecuada proporción de liquidez, a la espera de oportunidades. Empezaremos a verlas, suponemos que como pronto, hacia el final del año. Así que mientras tanto, paciencia. Además, es posible que este ciclo sea especialmente malo en cuanto a los futuros rendimientos en bonos, por supuesto, dependiendo de qué políticas monetarias decidan ejercer los bancos centrales.

Bolsas

Aquí pensamos que hemos entrado ya en un mercado bajista, si bien como indicábamos en informes anteriores, estos se caracterizan por tener importantes y violentos rebotes, como el que estamos sufriendo ahora mismo.

Se hace difícil por tanto aguantar excesivo riesgo apostando a la baja, aunque intentaremos mantenernos firmes lo máximo posible, e intentando que esos posibles rebotes no nos hagan cerrar las posiciones. Esperamos que hasta que termine este ciclo, podremos ver niveles de precios más o menos entre el doble y el triple de los niveles mínimos del ciclo anterior, esto es, entre 1.200-1.600 para el S&P 500. Lo cual significa que esperamos ver caídas alrededor del 40-60% sobre los niveles de precios actuales.

Estas serán violentas e imprevisibles, por su propia naturaleza. Así, cuanto más parezca que pueda haber un mercado alcista, más fácil que caigan los precios, y viceversa. Advertimos este extremo, ya que es posible que aprovechemos algún momento de estrés en los mercados para tomar alguna posición comprada, como hicimos a finales del año pasado. Aún a riesgo de perdernos alguna bajada adicional.

Esperamos peor comportamiento relativo de Estados Unidos sobre Europa, en este caso, aunque podemos tener sorpresa debida, entre otras a un Brexit duro, o algún riesgo sistémico tipo Deutsche Bank o similar. Alemania e Italia ya están prácticamente en recesión, a las que se unirán otros países, entre los que vemos claramente a Francia, como la sorpresa negativa del año. En cuanto al tiempo, se nos va a hacer eterno. De hecho, no esperamos ver los bajos definitivos antes de marzo-junio del 2020.

Oro y plata

Mirar para otro lado, aunque por ahora no tengan un comportamiento espectacular. Hay que tenerlos, en especial dependiendo de qué hagan las autoridades con las políticas monetarias. Pensamos que da un poco igual lo que hagan, se podrían beneficiar un poco (QE) o mucho (helicopter money). Vamos con esto:

Reserva Federa

En el hipotético caso de que finalmente veamos una recesión en EE. UU., lo primero que esperamos es que bajen los tipos de interés. Y en caso de que todo vaya bien, los tendrá que seguir subiendo, hasta que esto pase. Están, de alguna manera, atrapados.

Sin embargo, y al igual que en otros episodios, las bajadas de tipos necesarias para reanimar la economía se cifran, por parte de la propia Fed, en unos 400 pb. Esto, con los tipos al 2,5% (250 pb), y con pocas posibilidades de seguir subiendo, pensamos que tendrá poca eficacia. Así, el dilema será si se hace otra ronda de QE (compra de bonos del Tesoro) o no.

El problema de fondo es más político que otra cosa, ya que las compras de activos tipo QE (o como en Japón, que compran también la bolsa), hacen que los activos financieros suban de precio en comparación al resto de activos, y más en una posible crisis en la cual el exceso de deuda hace difícil que haya inflación.

Sin embargo, esto solo beneficia a una minoría, que son los que tienen activos financieros o inmobiliarios, en detrimento de la gran mayoría. Este hecho, a la larga, genera más desigualdad y descontento en las clases medias y bajas, y vemos cómo nos enfrentamos actualmente a un crecimiento del populismo, tanto de izquierdas como de derechas, no sólo aquí, sino en EE. UU., Italia, Francia, Alemania, etc.

Por tanto, es posible que la próxima crisis se impongan soluciones tipo “helicopter money”,esto es, la impresión de billetes para repartirlos entre el conjunto de los ciudadanos. Esto en Europa se viene a denominar “renta universal”, y es algo que ya proponen países como Italia, aunque en casi todos tenemos algunos partidos políticos que dicen lo implantarían (no sabemos cómo, sin salirse del euro, o sin que esto sea una medida conjunta para toda la UE).

Esta solución es posiblemente la mejor, si bien el efecto que puede tener sobre la inflación y, por tanto, en los tipos de interés, puede ser muy intensa. Más en una situación de práctica quiebra de los sistemas de pensiones tanto públicos como privados como el que actualmente tenemos (aunque igual es la única solución también a este problema). La propia FED cifra el valor actual del defecto de cobertura en los sistemas públicos de pensiones en más de 50T $. (el equivalente al 250% del PIB). En cualquier caso, no vemos que estemos hablando de esto hasta bien entrado el año o incluso en el 2020, por lo que tampoco vamos a profundizar más. Ya lo iremos haciendo a medida que se vayan confirmado nuestro escenario.

En el caso de que no se cumpla, nos habremos equivocado, pero el error nos va a costar mucho menos que en el caso contrario.

Intentaremos estar muy atentos a los “internals”, esto es, a las señales que dan los mercados, ya que, si a el conjunto de los inversores les da por especular y tomar riesgo, da igual el nivel de precios al que se llegue. No hay ningún límite. En este sentido, y más en relación con lo dicho en este último párrafo que con tomarlo como otro activo digno de inversión, el Bitcoin, es un buen indicador de hasta donde nos puede llevar una marea especulativa, lleva un 80% de caída desde sus máximos de hace alrededor de un año. (los “internals” no andan muy bien)

Mientras les aconsejo que echen un vistazo a la página www.usdebtclock.org, donde pueden encontrar algunas cifras interesantes de los EE. UU..

Algunas de ellas:

  • Deuda por familia: 855,000 $
  • Ahorros por familia: 11,000 $
  • Ingreso medio año 2000: 30.443$
  • Ingreso medio actual: 32.656$
  • Precio medio vivienda 2000: 161.400$
  • Precio medio vivienda 2018: 324.804$

Total Unfunded Liabilities 122.157.000.000.000 $ (6 veces el PIB)

“Sic transit gloria mundi”