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Echando agua fría a la última operación

 

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Echando agua fría a la última operación

Normalmente se nos dice que la última operación determina nuestro estado de ánimo actual. Si ayer se tuvo una operación positiva hoy es probable que seamos optimistas, si perdimos, es muy probable que seamos, por el contrario, pesimistas. Lo que parece una obviedad, en realidad, esconde toda una declaración de intenciones que sesgará nuestra visión de lo que estamos viendo hoy hacia un lado o hacia otro. Si somos optimistas, es probable, que rebajemos la percepción real del riesgo del mercado aumentando nuestra aversión al riesgo. Quizá este optimismo mal entendido nos lleve a confiar más en nuestra visión del mercado llegando a no dar tanta importancia a la gestión del riesgo y reglas de salida en caso de que las cosas no vayan como pensamos. Por el contrario, si somos pesimistas, porque las últimas operaciones no fueron como pensábamos, se pondrá en marcha toda un maquinaria interna que podrá sabotearnos cualquier operación, haciéndonos pensar que la última operación condicionará a la fuerza la actual. Inside out en estado puro, cayendo en una habitual trampa.

¿De verdad pesan tanto las últimas experiencias al hacer trading? Efectivamente. Nuestra cabeza funciona más como una media móvil exponencial, en el que se asigna más peso a los últimos resultados de la muestra, como una media móvil simple, en el que se asigna el mismo peso a todos los resultados analizados. Un botón para mostrar hasta qué punto es importante.

Daniel Kahneman, Premio Nobel de Economía, nos ha ayudado a poner cara y medir algunos fenómenos en principio indescifrables. Veamos uno que nos hace entender el peso de las experiencias más recientes frente a las más lejanas, al realizar un experimento el en que hacía sumergir la mano en un recipiente lleno de agua a 14ºC, vamos, agua bastante fría.

El experimento estaba compuesto de tres partes. Una parte corta, en la que los voluntarios sumergían una mano en agua a 14º C durante un minuto. Algo que es bastante doloroso. Si te aburres puedes probarlo tu mismo. En la parte más larga, se les pedía que colocaran la otra mano en otro recipiente a la misma temperatura, durante el mismo tiempo. Pero pasado un minuto, en vez de dejarles sacar la mano se añadía al recipiente agua caliente, haciendo subir la temperatura del agua a 15º C. Al pasar 30 segundos, después de un minuto y medio desde que metieron la mano, terminaba el experimento. Lo interesante viene a continuación. Después de haber pasado unos minutos, a los voluntarios se les pidió que repitieran una de las dos partes. O bien, la parte de 30 segundos con el agua fría o bien la parte de un minuto y medio. El 80% prefirió repetir la parte larga, ya que recordaban éste como menos doloroso.

Es decir, preferían pasar los 30 segundos a 14º C experimentando una sensación dolorosa, al igual que la parte corta del experimento, y después aguantar otros 30 segundos con el agua a 15º C, que, aunque no es tan desagradable como tenerla a 14º C, sigue siendo una experiencia incómoda.

¿Conclusión? Mucho cuidado con lo que recordamos, porque puede que no sea real. Podríamos dedicar una serie de post que nos ayuden a entender lo que implican experimentos como éste, pero sobre lo que estábamos comentando la idea es clara. Las últimas experiencias, como una operación positiva o negativa, tienen un peso en nosotros y en nuestras decisiones futuras demasiado importante. Por eso, si vemos que la última operación nos condiciona en exceso la presente, echémosle agua fría.

 

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